
-Su nombre, por favor…
-Me llaman de todo, así que usted no se corte, doña doctora.
-Dígame qué pone en su carné, por favor…
-¿En cuál de todos? El DNI, pasaporte, el del supermercado, videoclub, el del club de escritores muertos, el de conducir, el de…
-Pare, dígame el del DNI.
-Justamente ese no es de fiar. Yo que usted…
- ¿Me está insinuando que su DNI es falso?
-No, su eminencia doctoral. Lo que digo es que si no la vale el del supermercado.
-Usted es una inmigrante con papeles falsos, ¿verdad?
-Anda que para que luego digan que yo tengo imaginación. ¿Dan clases en la carrera de medicina de melodramas, doña Matasanos?
-Señora, me presenta su documentación, o sale por esa puerta ahora mismo. Usted verá.
-Ver, veo fatal. Tome y cállese antes de que desarrolle un guión de terror sobre la inmigración.
-Pilar Fernández.
-Sí.
-¿Dónde nació?
-¿Quién?
- Usted, Pilar Fernández.
-Y yo qué sé dónde nació Mari Pili, pregúnteselo a ella. Yo, en San Juan de la…
-¿Pero usted no es Pilar Fernández?
-Pues no, doña Médica.
-Entonces, ¿usted quién, demonios, es?
-La amiga de Mari Pili Fernández, doña Catedrática.
-Me está poniendo de los nervios, Señora. Dígame su nombre, déme su cartilla de la Seguridad Social ahora mismo.
-Cuidadín con los nervios. Más, con los cambios de ciclo estacional. El otoño es el peor. Tengo todo un catálogo de experiencia sobre el tema, así que le voy a recetar, doña Termómetro, unas tisanas naturales que prepara mi tía Eustaquia que en paz descase, Amén…, que la van a dejar como nueva.
-¿Quién es la doctora, usted o yo?
-No sé qué decirle porque hasta ahora no la he visto ningún signo de su licenciatura en vivos sanos y muertos enfermos. Al menos yo ya le he dado un consejo y graaaaatis.
-Dígame qué quiere y lárguese.
-Uy, qué modales, doña Inyección. A los enfermos hay que tratarlos con ternura, y si encima no están delante, más porque no dan la lata.
-Dígame qué la pasa, señora.
-¿A mí? Nada. ¿Acaso tengo mala cara, doña Mercromina?
-Entonces si usted está sana, ¿para qué viene al médico?
-Vengo a pedirle que vacune a Mari Pili.
-¿A la señora Fernández?
-Sí, a Mari Pili, no quiero que por la gripe del tocino la vaya a pasar cualquier cosa. Es la única amiga que me aguanta, vea usted, y si se me muere, a ver qué hago yo. Ella es grupo de riesgo riguroso, doña Escalpelo.
-¿Qué le pasa a Mari Pili?
-Pues verá usted, ella es una mujer de pan y moja de buena, pero el pecho lo tiene estrecho. Ya le digo, de grupo de riesgo rigurosísimo. ¿Cuándo me la vacuna, doña Paracetamol?
-¿Dice que el pecho lo tiene estrecho?
-Sí, como las calles estrechas. Cuando hay mucho aire, se me ahoga porque no la cabe todo el viento. ¿Me entiende usted?
-Ni papa. Diga a su amiga que venga a hablar conmigo. Y ahora lárguese, lianta.
-No me llamo Lianta aunque respondo a todo. Me llamo Dolores aunque no me duela nada, pero llámeme Lola, suena más artístico y florido.
-Looooooooooola lárguese de mi consulta.
-Me voy pero, ¿va a vacunar a mi amiga de pecho estrecho? ¿Sí o no? Porque no me muevo de aquí, eh.
-Sí. Ahora váyase.
-Ahora si que no me voy.
-¿Pero por qué, Lola?
-Doña Recetas, usted tiene que vacunar a Mari Pili de la gripe del tocino porque tiene pecho estrecho, pero no vacunarla de pecho estrecho, que no es lo mismo. Es que ustedes los matavivos se equivocan mucho y yo solo tengo una amiga, ¿me comprende, doña Alcohol?
-Síiiiiiiiiiiiiiiii…
-Tranquila, tranquila, que la noto muy nerviosa y tiene la sala llena de enfermos y, tal vez, sean peores que yo.
MªÁngeles Cantalapiedra
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