lunes, 28 de septiembre de 2009

Fugaz, por Carmen Amaralis Vega Olivencia


Tiempo, lo que se dice tiempo dispongo de todo el tiempo del mundo, hasta he creído que me sobre mucho tiempo, y es entonces cuando saco una silla cómoda a la terraza en noches sin luna. Deben ser noches sin luna. Y es entonces cuando miro y cuento las estrellas grandes, las que dan mucha luz o parpadean mucho.Nunca sé si son soles o planetas centelleantes, pero no me importa, no son ellas las que me provocan en noches sin luna. Esas no me importan, están quietas.Y me siento a esperar. Tengo todo el tiempo del mundo, si, me siento a esperar,cada noche con la misma fe. Se que la tendré, estoy segura que esta noche la tendré, y espero, así, con la cabeza inclinada hacia el cielo, reposando el cuello en el madero de los deseos y espero con la mayor paciencia. Llevo siglos esperando con el mismo entusiasmo porque sé que vale la pena. Y sigo ahí, horas de mi bendito tiempo, horas largas, horas como si estuviera muerta o muriendo,como si no quedara nada más que me importara sino esperar por ella. Y la vi, por fin vino y me cruzó la vida de un lado al otro, me cruzó como el que cruza la obscuridad ajena, iluminando esperas.


Y la vi,

centella fugaz y ardiente.

Cruzó mi espacio,

y no hubo ni palabra ni verso,

solo la belleza de su rastro incierto.


Llevaba ardores,

cargaba rutas a la espalda

como se carga un adiós

o un amor nuevo.


Vi en su interior

bóvedas de cristales

lacerando silencios,

dejando grietas

supurar recuerdos


La vi.

No dio vuelta atrás

ni quiso detenerse

Con los ojos abiertos

la dejé pasar,

mas ahora conozco

el camino de la luz.


Carmen Amaralis

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