
La mujer se detiene ante si misma para saber si existe. Hay ceniza y barro en la punta del pincel con que intenta colorear sus días.Va superponiendo ausencias, unas sobre otras, como capas de pintura abstracta.¡Hay tanta lluvia por dentro cómo por fuera!Cada dos segundos exactos se borra el paisaje y la hojarasca se interpone entre sus ojos y el mañana.¿Quién apagó la luz interior? ¿con qué derecho?La mujer enciende mil velas, las va colocando en todos los rincones, como un rosario de luciérnagas malditas. Un viento de ceniza las apaga. Sabe que la rodean mil colores, pero…¡ no puede verlos! Tan solo ella conoce el ácido corrosivo que transita sus horas.¿Me ves? ¡Existo!La mujer se siente sanguijuela, microbio audaz, inútil-impotente-idiota-desequilibrada… Paradoja exhibida en una urna de cristal; mofa-burla-indiferencia-molestia, y sólo sabe llorar y…llora…Y se le introduce el dolor en la carne como si fueran huesos de plástico. Y la sangre se le vuelve humo y silencio, y se enrosca en sus médulas donde no la encuentre nadie.Y todo por amar. Por buscar las respuestas más allá del espejo. La mujer ha engendrado un feto de barro en sus entrañas, y solamente espera el tiempo necesario para morir en el parto.Una guitarra suena: lejos-cerca-alrededor–dentro.
Lola Bertrand
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